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Autonoma: para qu?
Propuesta de Gobierno
En la discusin legtima y saludable que la ciudad de Rosario viene dando acerca de la consagracin de la autonoma municipal en los cinco grados que disea la Constitucin Nacional (institucional, poltica, administrativa, econmica y financiera), debemos resistir una grave y particular tentacin: desfigurar el debate, transformndolo en ansias de aislacionismo o autonomismo rgido. Si el planteo justo de la ciudad de Rosario, se direcciona en sentido inverso a la solidaridad territorial y se confunde con la idea del separatismo o la secesin provincial, estamos retrocediendo a una disputa antigua y de ribetes soberbios, cuyo antecedente ms prximo, es el recuerdo de una de nuestras guerras civiles. El ltimo intento de desprovincializacin en Argentina desencaden el enfrentamiento de 1880 entre el Gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor, y el Presidente de la Nacin, Nicols Avellaneda, cuyo resultado, despus de algunos combates que arrojaron la cifra de 3000 muertos segn nos cuenta la historia (Combates de Olivera, Los Corrales, Barracas al Norte, Floresta y Puente Alsina), fue la separacin de la ciudad de Buenos Aires del territorio de la provincia homnima, y su designacin como Capital Federal de la Nacin. A nadie se le ocurre hoy volver a aquellos tiempos, porque no es esa la historia ni los antecedentes de nuestra ciudad. Rosario, por cuatro veces (en 1867,1868,1869 y 1873, amn de la tentativa frustrada en 1872) fue propuesta para erigirse en Capital de la Nacin, sancionndose en consecuencia las respectivas leyes, las que fueron vetadas en tres ocasiones por el entonces Presidente Domingo F. Sarmiento.

Descartado entonces el arrebato separatista, dado los malos y dolorosos recuerdos institucionales que nos proporciona la idea, cabe preguntarnos qu decimos y qu queremos cuando reclamamos ser autnomos y si la autonoma municipal, per se, es capaz de resolver todos los problemas de la vida local.
Desde una visin integral, la autonoma implica la capacidad de los entes pblicos territoriales de desarrollar, en su esfera de accin y con atribuciones ms o menos amplias, intereses propios, pero siempre encuadrables en una matriz comprensiva de los intereses generales.

Las ltimas posturas se inclinan hacia una concepcin dinmica de la autonoma, cuyo fundamento se basa no solo en la capacidad de autonormacin, sino en una eficaz distribucin de potestades y recursos. Ello, condice con la opinin del ms alto Tribunal argentino en el caso Rivademar.

Rosario, sin ser capital de ningn estado, es la segunda ciudad argentina, no slo por su ubicacin geogrfica sino, fundamentalmente, por su capacidad de articulacin regional en lo econmico y en lo social. Su crecimiento est profundamente vinculado a las terminales portuarias de la regin, a su condicin de nodo o ciudad-enlace, a los 200 Km. de Pampa Hmeda que la rodean, al impacto econmico y comercial de su rea metropolitana, y a los complejos industriales, automotrices y aceiteros que, sin estar en los mrgenes estrictos de la jurisdiccin de la ciudad, pertenecen a la regin de Rosario.

En nuestro tiempo, el concepto de ciudad y el de municipio estn sufriendo mutaciones profundas. La ciudad es hoy mucho ms que un mero territorio habitado. Es la forma de una sociedad integrada y la combinacin productiva de sus mltiples relaciones.

Rosario y la Provincia de Santa Fe, ms que pretender garantizar la autonoma sobre la base de compartimentos estancos e incomunicados y, en definitiva, sobre un equilibrio esttico propio de las cosas inanimadas, debern hacerlo sobre un concepto dinmico, tratando de articular los intereses propiamente regionales hacia un destino municipal interconectado, heterogneo y complejo.
Ante la crisis del municipalismo tradicional y ante la perspectiva de una autonoma que no alcanza para abordar los nuevos desafos del Bien Comn, ya no puede negarse que el intermunicipalismo aumenta la capacidad de negociacin y amplifica las posibilidades reales de los entes locales.

Cuando se produce este fenmeno, segn resulta de las experiencias que conocemos en el mundo, no solo se globalizan las quejas sino que tambin se globalizan las soluciones, porque se crea un bloque de proximidad geogrfica, econmica y poltica de mayor envergadura, que estimula el crecimiento en infraestructura, fortalece el relacionamiento comercial externo e interno, mejora la comunicacin y el intercambio, y permite una nueva ingeniera de competitividad y desenvolvimiento sostenido.

Por esto, imaginamos pues, una autonoma municipal expandindose hacia la intermunicipalidad. La concepcin esttica de la autonoma municipal, reflejada en aquello a lo que los europeos denominan particularismo o espritu de campanario, se est abandonando definitivamente. Esta postura dogmtica que obliga a ensimismarse y a encerrarse en los lmites precisos del municipio geogrfico, resulta obsoleta y actualmente superada. Si la autonoma es slo una fuerza centrpeta, el municipio se lica o se reseca, pero si en cambio, nos atrevemos al diseo de un concepto centrfugo de autonoma, ello nos conduce a la construccin de una comuna funcional al proceso de globalizacin, multidireccional y flexible. Se trata de una proyeccin institucional con las consecuencias de que el municipio se multiplique y la autonoma se supere, indefectiblemente, por el asociativismo y el crecimiento combinado.

El catlogo de desafos municipales, en el estado actual de la Ciencia Poltica y el Derecho Constitucional Provincial, no puede soslayar la idea inacabada de la reafirmacin de la autonoma municipal. Tampoco el catlogo puede obviar el concepto de intermunicipalidad que como posibilidad concreta de regionalizacin a escala municipal, constituye la ms fascinante y poco transitada experiencia de integracin subnacional en la Argentina contempornea.

Dr. Diego A. Giuliano
Profesor de Derecho Constitucional, Pblico Provincial y Municipal de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario.
Primer Premio de la Academia Nacional de Derecho y Cs. Sociales de Crdoba por su trabajo: Integracin Municipal (2002).
 
Rosario: 21/04/2009
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